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Claves en la rehabilitación Energética de los edificios.

Autor Luis de Pereda, director de Proyectos de Eneres, IPS e IEI e Inmaculada Martínez,del Departamento de Construcciones Arquitectónicas de la ETS de Edificación de la Universidad Politécnica de Madrid. Art√≠culo    Fecha: 18/05/2015
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Los autores inciden en este artículo sobre la eficiencia como estrategia y la integración de los recursos técnicos y el factor humano como recurso fundamental en la rehabilitación de edificios.

En un momento en el que abundan las directrices, apreciaciones y tomas de posición parciales ante el necesario crecimiento del campo de la rehabilitación de la edificación, parece muy necesaria una breve reflexión sobre algunos aspectos que, por su esencial condición lógica, natural y humana, son irrenunciables si, mucho más allá de la instrumentalización de la rehabilitación como un negocio para un reducido grupo de actores, aspiramos a rehabilitar para trasformar nuestros edificios, ciudades y territorios en instrumentos de eficiencia y valor al servicio de todos.

Las actuaciones de rehabilitación nos permiten devolver al edificio su capacidad operativa y funcional, a través de la identificación y rescate de los múltiples recursos, materiales, sociales, funcionales, energéticos, operativos y económicos, que identificamos degradados, obsoletos o desperdiciados.

Los objetivos son: la restitución de la habitabilidad y la salubridad, imprescindibles para la salud, el confort, la calidad ambiental y la operatividad, en un contexto de eficiencia en el consumo, (limitar la destrucción de recursos primarios, materiales y energía), de sostenibilidad, (mantener un compromiso transgeneracional de conservación de los recursos y el medio), y de ahorro, (lograr la reducción de los costes asociados a los impactos producidos); que sólo es posible con una actitud integradora de los recursos técnicos, que tenga en consideración factores económicos, técnicos, medioambientales, sociales y humanos (figura 1).

 

La rehabilitación tiene que aspirar a garantizar, en un proceso de recuperación integral, las capacidades constructivas y la funcionalidad de los sistemas técnicos de los edificios, dotarlos de capacidad de captación y gestión de la información, y aplicar todos los recursos de estos dos ámbitos a resolver el "comportamiento" y la adecuación dinámica de los edificios a su contexto y su uso, según la lógica natural de equilibrio y eficiencia de los sistemas. Sin embargo, hoy reconocemos en las iniciativas normativas, económicas y financieras una aproximación prescriptiva y parcial hacia los aspectos constructivos y tecnológicos, una tendencia a la valoración e integración de tecnología de información y comunicaciones y una tremenda pobreza en las consideraciones relacionadas con la eficiencia en el comportamiento y el ciclo de vida de los edificios. Éste último factor es el espíritu de la cuestión, el que da aliento y anima los factores materiales de los edificios y también el que nos recuerda, constantemente, que en la naturaleza no funcionan ni la concentración de recursos, ni los sistemas acaparadores y especuladores, ni el desperdicio. La lógica natural apunta a un cambio radical y democratizador del modelo de rehabilitación y del modelo de eficiencia energética vinculado a la edificación, algo a lo que los agentes fundamentales del sector en España se resisten como gato panza arriba, mientras puedan hacerlo.

Acciones

Las medidas a implementar en la rehabilitación de edificios están vinculadas a dotarlo de la capacidad de ser el recurso que canaliza la interacción del hombre con el medio, o el conjunto de medios (medioambiente, ambiente interior, condiciones de uso, medio económico, medio legal, etcétera). El edificio es, en este sentido, un instrumento "intermediador" en el intercambio y el aprovechamiento de los recursos que este complejo de medios nos ofrecen.

La capacidad del edificio de ser este instrumento de captación, transformación e intercambio de recursos está directamente relacionada con la integración de factores técnicos, ambientales y operativos (Figura 2), relacionada con la elección de los materiales, de los sistemas, y de las estrategias de gestión, de mantenimiento y de operación de los edificios, pero en todo caso, deben formar parte de una estrategia integrada que convierta al edificio en el medio de transformación de la energía, con un comportamiento eficiente, reactivo y adaptativo, que garantice en todo momento, a través del cambio, un escenario de equilibrio en máximo confort con el mínimo impacto y consumo.

 

Resultados

El edificio rehabilitado alcanzará su máxima eficiencia (prestaciones/impacto) si la implementación de esta estrategia integrada no está orientada por la consideración del edificio rehabilitado como un producto (visión común que se centra en el valor material del edificio), sino como un servicio (visión prestacional orientada a la valoración de las prestaciones e impactos a lo largo del ciclo de vida) que debe garantizar con flexibilidad unas prestaciones específicas, tanto en el momento de la rehabilitación, como a lo largo del tiempo, de modo que esas prestaciones, utilidad y rendimiento aumenten en virtud de un proceso operativo que se va perfeccionando con la experiencia, y por otro lado, disminuyan los impactos que generarán los recursos incorporados a lo largo de su ciclo de vida.

Recursos. Sistemas eficientes

Podemos considerar como primera instalación térmica del edificio a la que permite aprovechar el calor gratuito del medio, y como segunda, a la que permite recuperar el calor que se tira en todos los medios de desperdicio. Las fuentes de calor naturales y las residuales desperdiciadas generan en el entorno de los edificios enormes cantidades de energía térmica que puede ser incorporada al sistema como energía primaria, para ello, es necesario contar con instrumentos para captar, almacenar y reutilizar este calor de temperatura, velocidad, presión e intensidad moderadas (Figura 3).

La tercera instalación térmica del edificio es la que permita captar todas esas fuentes de energía, gestionarlas y almacenarlas, y la cuarta instalación térmica es la que transfiere, de una manera equilibrada, esa energía térmica al usuario.

En todo proyecto de rehabilitación de edificio debe elegirse el sistema completo más interesante en función del uso que se le vaya a dar al edificio, de las fuentes de energía más apropiadas, económicas y disponibles, de los elementos de captación y distribución adecuados para esas fuentes de energía y, por lo tanto, de los elementos terminales que sean capaces de sacar el máximo rendimiento o mínimo consumo energético de las fuentes de energía que vayan a alimentar a esos elementos terminales.

El edificio como un sistema integrado de transformación y transferencia de recursos energéticos canaliza simultáneamente, de forma equilibrada, la captación de energía gratuita del medio, la generación de energía a partir del consumo de recursos primarios no renovables y la recuperación de energía residual. Un supersistema de gestión de la información y operación implementa sobre las distintas partes del sistema de transformación de la energía, estrategias para la reducción de la demanda y la mejora del rendimiento a través del equilibrio con el medio.

Recursos bioclimáticos y fuentes renovables

Las necesidades de confort térmico de los espacios habitables de nuestros edificios, con temperaturas de confort en torno a los 22ºC en invierno y a los 24ºC en verano, permiten el uso de tecnologías de baja exergía, que recurren a recursos gratuitos de calor a temperatura moderada, abundantes en la naturaleza y en los sistemas urbanos, y basan su funcionamiento en el régimen moderado de las temperaturas de calefacción y de refrigeración, aprovechando estas fuentes naturales y desperdiciadas, garantizando el confort a la vez que se minimiza el impacto y por consiguiente, aumentando la eficiencia.

Estamos hablando de mejorar la eficiencia energética de los edificios, permitiendo el uso de recursos bioclimáticos y energías presentes en el ciclo abierto de la biosfera y fuentes renovables, y también permitiendo el aprovechamiento de recursos desperdiciados como el calor generado por los sistemas e infraestructuras urbanos de que canalizan agua, aire, y materiales cargados de energía.

La integración de los planos técnicos y tecnológicos debe estar vinculada a nivel humano: es el confort y la ergonomía de los usuarios del edifico el objeto de nuestro trabajo, no la climatización de los edificios, y por lo tanto, las garantías de confort deben estar estrechamente relacionadas con los métodos de transferencia de energía que más utiliza el cuerpo humano para intercambiar calor con su entorno, con su lógica de termorregulación y con su fisiología. El edificio debe interactuar con sensibilidad con un sistema, el hombre, que intercambia por evaporación, convección, conducción y radiación, en una combinación dinámica y variable que depende de múltiples factores que hay que considerar. Una clave básica de la eficiencia es adecuar los sistemas de intercambio térmico a esta complejidad, potenciando la adecuación y la interactividad en lugar de simplificarla.

Además, si equiparamos el funcionamiento termorregulador del ser humano al funcionamiento térmico de nuestros edificios, veremos cómo a pesar de grandes variaciones en la temperatura ambiental, la producción de calor interna equilibra la pérdida de calor dando como resultado una temperatura estable. Este equilibrio conocido como balance calórico se controla con eficiencia a través de la variación del comportamiento, es decir, de un comportamiento variable, reactivo o adaptativo.

Conclusión

Es fundamental implementar en la rehabilitación una cuidadosa combinación de medidas integradas orientadas a estrategias "naturales" de eficiencia en el comportamiento de los edificios, como instrumento de intercambio entre el medio y los usuarios, que incluyen una adecuada envolvente, la calidad del aire, la armonización de los sistemas de climatización con la fisiología humana, la gestión de la captación y uso de energías gratuitas y recuperadas, apoyada en capacidad de almacenamiento térmico en el edificio, y la sabia selección contextual de los materiales y recursos no renovables a consumir.

Esto hace posible el diseño de edificios en los que se obtiene un elevado confort interior -evitando costosas inversiones en equipamiento- y permite potenciar el uso de mucha energía de fuentes renovables y recursos energéticos hoy desperdiciados.

Tecnología, información y lógica natural son tres recursos imprescindibles e inseparables en la rehabilitación para la eficiencia energética. El factor humano está en el eje de esa lógica de los sistemas que es nuestra lógica esencial y la de nuestros edificios, ciudades y territorios. Usar metodológicamente este principio es un recurso muy útil para quien, por encima de otros intereses, trabaja en la restitución del equilibrio, factor esencial de la rehabilitación.

 

 

 

 

 


 

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