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El reto del cambio de modelo energético

Autor José María González Moya, Director General de APPA Renovables. Editorial    Fecha: 04/09/2018
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José María González Moya aboga en este artículo por mayor consenso y estrategias comunes en las renovables para afrontar el cambio de paradigma sin grandes sobresaltos.

El sector de las energías renovables nacional vive, desde hace ya varios años, acostumbrado a los sobresaltos. Es cierto que estas tecnologías son el epicentro de una transición ecológica que está llamada a dotar de energía al resto de revoluciones tecnológicas. Vehículo autónomo, Internet de las cosas, inteligencia artificial, blockchain... da igual cuáles consideremos que serán las tecnologías disruptivas del futuro. Lo que está claro es que todas ellas necesitarán energía y, dados nuestros compromisos de reducción de emisiones, esaenergía será renovable.

Mientras a nivel mundial ese cambio hacia una nueva forma de generar energía está siendo creciente y constante, en España hemos sufrido una moratoria durante cuatro años que ha paralizado al sector y, por lo tanto, al desarrollo de renovables en nuestro mix energético. Entre los años 2014 y 2017, en nuestro país se instalaron poco más de 300 MW renovables en el sistema eléctrico. Podríamos pensar que, en un sistema sobredimensionado como el nacional, no haría falta introducir nueva potencia renovable. Pero hay dos razones poderosas que hacen necesario el desarrollo de estas tecnologías.

Renovables, una necesidad para nuestro mix energético

Hay dos razones muy importantes que marcan nuestra necesidad de incluir más renovables: una razón es económica y la otra medioambiental.

La razón económica es una consecuencia de nuestra falta de recursos fósiles. El 99,9% del petróleo y del gas que se utilizan en España han de ser importados. Productos petrolíferos, gas y carbón suponen el 65,6% de la energía final española, a lo que habría que sumar la parte proporcional de generación eléctrica con estos combustibles. Dado que la electricidad es el 23,4% de nuestro consumo energético y del orden del 41% de esta electricidad se genera con fuentes fósiles, vemos que alrededor del 75% de nuestra energía son hidrocarburos. Si nos centramos en petróleo y gas, directamente vinculados a la cotización del petróleo, tenemos que del orden del 69%denuestra energía está condicionada por una variabilidad extrema en su precio que no podemos controlar.

En 2017, nuestro déficit comercial fue de 22.694 millones de euros, el déficit energético ascendió a 19.269 millones. Aunque no es correcto establecer una relación causa-efecto entre ambas cifras, si es importante saber que las importaciones de hidrocarburos lastran nuestra balanza comercial de forma determinante. Si España fuera un país exportador de petróleo y gas quizá no existiera esta necesidad de sustituir energías que debemos importar por energías autóctonas como las renovables. Pero solo quizá...

Además de la razón económica hay una razón medioambiental. Estos hidrocarburos, que suponen como hemos dicho el 75% de nuestra energía, producen unas emisiones que estamos obligados a reducir por nuestros compromisos internacionales y europeos. En Europa, que de media tiene una dependencia de las importaciones energéticas del 54% frente al 72,3% nacional, han pasado desde el año 2000 de menos de un 20% de renovables en la nueva potencia instalada a más del 80%. En menos de dos décadas el cambio de tendencia ha sido espectacular. En España en este tiempo se ha hecho un importante esfuerzo renovable, por supuesto, pero también es cierto que en el año 2000 no había centrales de gas de ciclo combinado y hoy es la tecnología con más potencia instalada (26.670 MW).

El despertar de la inversión renovable

Debido a esa moratoria que el sector ha sufrido, la incorporación de nueva potencia renovable se ha visto reducida a la mínima expresión. Alertado el Gobierno por esa parálisis en la evolución hacia los objetivos del famoso 20-20-20, se convocaron subastas de renovables en 2016 y 2017 para intentar enmendar todos los años de parálisis. ¿La consecuencia? Está previsto que, de aquí a finales de 2020, se instalen más de 8.000 MW de potencia renovable frente a esa cifra de 300 que se instalaron entre 2014 y 2017. En cuatro años 300 y los tres siguientes más de 8.000, cifras muy alejadas de un desarrollo ordenado y razonable para el sector.

Junto a estos vaivenes en una actividad -la energética- que está en la base de todas las industrias, nos hemos encontrado con un sinfín de cambios regulatorios. Entre 1997 y 2011 más de 50 Reales Decretos, 12 de ellos específicos de renovables, en 2012 la moratoria y entre 2013 y 2014 la reforma del sector eléctrico. Un sector que debería reforzar el área de ingeniería se ve abocado a reforzar más su área legal. Cuando el anterior ministro se quejaba de que las empresas recurrían sus leyes, quizá se olvidaba de este sinsentido de cambios regulatorios que han llevado a la judicialización, nacional e internacional, del sector renovable.

A pesar de los cambios regulatorios, de los arbitrajes internacionales, de una legislación nacional que no es la más favorable... nuestro país ha tenido un incremento del 652% de las inversiones renovables en los seis primeros meses de 2018, según Bloomberg New Energy Finance. Las razones hay que buscarlas en las mencionadas subastas, una forma rápida y desordenada de intentar alcanzar el objetivo de 2020, pero también por el prometedor panorama que espera a estas energías en la próxima década.

Consenso para un futuro más limpio

Una de las primeras acciones de la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, al asumir su cargo fue presentarse en las negociaciones tripartitas europeas entre Consejo, Parlamento y Comisión y trasladar el cambio de postura español sobre las energías renovables. Mientras el exministro Nadal se oponía a un mayor desarrollo de estas tecnologías, la ministra Ribera dio un apoyo fundamental en Bruselas. Con ello, se desbloqueó la negociación y se consiguió un acuerdo para que Europa cuente con un 32% de energías renovables en 2030. En Europa hemos contado con dos grandes defensores de las renovables, el comisario europeo de Acción por el Clima y Energía, Miguel Arias Cañete, y el eurodiputado y ponente de la nueva Directiva, José Blanco, a ellos se suma ahora la ministra Ribera, tenemos la suerte de que los tres nos acompañarán en octubre en el Congreso Nacional de Energías Renovables.

Como hemos mencionado antes, estos objetivos europeos que marcan nuestra agenda no tienen únicamente una motivación medioambiental. Según el banco de inversiones Lazard, los costes LCOE de las energías limpias han experimentado una reducción que ha llevado a muchas tecnologías a ser plenamente competitivas. En los últimos siete años, la eólica ha reducido sus costes un 66% y la fotovoltaica un 85%. Esto ha hecho que la potencia renovable adjudicada en las subastas de 2017 se haya otorgado ya sin las famosas "primas" y que numerosos proyectos estén yendo directamente a mercado sin necesidad de pasar por las subastas.

No debemos olvidar, sin embargo, que hoy podemos disfrutar de estas tecnologías sostenibles, limpias y autóctonas gracias a las inversiones efectuadas en el pasado y que permitieron a estas tecnologías recorrer su curva de aprendizaje. Un esfuerzo llevado a cabo por ciudadanos, empresas y gobiernos. Los recortes, algunos retroactivos, que se realizaron a los proyectos han comprometido su viabilidad y puesto en una situación muy difícil a los inversores, tanto particulares como corporativos.

Para que esto no vuelva a pasar, es necesaria la búsqueda de consenso. Hallar una estrategia común que permita al sector tener estabilidad más allá de una legislatura. Los grandes partidos políticos deberían ponerse de acuerdo sobre nuestro modelo futuro y que la próxima Ley de Cambio Climático y Transición Energética traiga al sector la calma que en todos estos años le ha faltado.

Estamos ante un cambio de paradigma, no solo porque algunas de las tecnologías renovables son ya la forma más económica de generación eléctrica. También porque el autoconsumo, el almacenamiento y las redes inteligentes, van a dotar al consumidor de un poder nunca antes experimentado. El sistema va a pivotar su centro de decisión hacia al cliente-consumidor que pasará a ser también productor y gestor de su propia energía.

Estos cambios, si queremos alcanzar los objetivos, no se podrán limitar únicamente al sector eléctrico. La electricidad, supone el 23,4% de nuestro consumo energético y el objetivo de renovables para 2030 es del 32%. Electrificación, desarrollo de renovables para usos térmicos y transporte, democratización de la energía... Son muchos los retos que nos esperan en la próxima década. Retos apasionantes que debemos afrontar con optimismo porque las renovables siempre han superado todas las expectativas.

 


 

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