La eficiencia energética choca con un obstáculo invisible: instalaciones eléctricas obsoletas

La eficiencia energética choca con un obstáculo invisible: instalaciones eléctricas obsoletas

Europa atraviesa una crisis energética de primer orden. Según el informe Energy Efficiency for Energy Security, publicado en abril de 2026, la UE importa actualmente alrededor del 57% de su energía primaria. La respuesta más inmediata no está en nuevas infraestructuras de futuro, sino en optimizar lo que ya tenemos, empezando por los edificios donde vivimos, responsables del 40% del consumo de energía en la UE y del 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía.

 

En España, ese reto tiene una dimensión adicional que el informe de OREVE 2025 documenta con detalle: no solo tenemos un parque residencial envejecido, sino que los propietarios y los profesionales que los asesoran no siempre trabajan en la misma dirección.

 

 

Un parque residencial envejecido que consume más de lo que debería

 

El informe europeo es contundente: la eficiencia energética en edificios no es una opción de futuro, es la palanca de ahorro más inmediata y rentable disponible hoy. Por ejemplo, instalar sistemas de automatización y control inteligente en edificios podría generar un gran ahorro en gasto de gas. Mejorar el aislamiento de cubiertas y fachadas representa ahorros del mismo orden de magnitud. Y sustituir calderas de gas por bombas de calor puede reducir la factura energética de los hogares hasta un 60%. Todo esto con tecnologías ya disponibles, mayoritariamente desarrolladas en Europa, con períodos de retorno de inversión cortos.

 

El problema es que estas tecnologías no llegan solas. Necesitan un parque residencial preparado para recibirlas. Y en España, ese parque presenta déficits estructurales profundos. Según datos del IDAE recogidos en el informe de OREVE, el 40% del consumo energético residencial todavía depende del gas, el gasóleo u otros derivados fósiles. Las viviendas son antiguas, sus instalaciones también, y la cultura de la rehabilitación energética apenas está comenzando a abrirse paso entre propietarios que, comprensiblemente, priorizan lo visible y lo inmediato sobre lo estratégico y lo invisible.

 

 

Las tecnologías están listas. El obstáculo está en las viviendas

 

El informe de la Comisión identifica soluciones desplegables que no requieren investigación adicional y tienen retornos de inversión rápidos, como las válvulas termostáticas, o la iluminación LED inteligente. Pero para que muchas de ellas lleguen al hogar, especialmente las ligadas a la electrificación como las bombas de calor, los cargadores de vehículo eléctrico o el autoconsumo fotovoltaico, hace falta una condición previa que el informe de OREVE coloca en el centro de su análisis: una instalación eléctrica en condiciones. Según los arquitectos técnicos encuestados, cerca del 60% de las viviendas que pasan por un proceso de rehabilitación la necesitan actualizar, pero solo uno de cada tres propietarios está dispuesto a invertir en ello. Sin esa infraestructura, el ahorro energético que Europa necesita con urgencia sencillamente no llega a los hogares españoles.

 

 

Cuatro palancas para transformar la política de vivienda

 

El informe europeo formula siete recomendaciones para acelerar la eficiencia energética a escala continental, desde acelerar la implementación regulatoria hasta redirigir fondos de cohesión hacia programas de rehabilitación. Todas ellas tienen su traducción directa en el contexto español que documentamos desde el OREVE.

 

1. Simplificar las ayudas. La comisión pide refocalizar y reducir las barreras administrativas. El informe de OREVE muestra por qué eso es urgente en España, ya que solo el 8,3% de las rehabilitaciones acaban tramitando alguna ayuda pública. El 76,6% de los profesionales señala el exceso de burocracia como causa principal del abandono.

2. Actuar en el momento de la compraventa. El estudio europeo subraya la importancia de aprovechar los momentos de intervención natural en los edificios. En España, como documentamos en OREVE, el 79% de las operaciones inmobiliarias corresponden a vivienda usada, con más de 500.000 transacciones anuales. Sin embargo, el 50% de los compradores desconoce el estado real del inmueble que adquiere.

3. Financiar específicamente la actualización eléctrica. La eficiencia energética necesita incentivos económicos claros y accesibles. Desde el OREVE se recomienda que al menos el 10% de las ayudas a la rehabilitación se destine específicamente a este fin, una posición respaldada por casi siete de cada diez arquitectos técnicos encuestados.

4. Cambiar el relato. El informe europeo apela a la necesidad de hacer visible el valor económico y estratégico de la eficiencia. El informe de OREVE muestra cómo los profesionales españoles ya están buscando ese lenguaje: crece el enfoque que vincula la actualización eléctrica con la movilidad eléctrica, el autoconsumo, la digitalización del hogar y la revalorización del inmueble.

 

 

La instalación eléctrica es invisible pero imprescindible

 

El informe europeo señala que las mejoras con mayor impacto energético son precisamente las que menos se ven. El informe de OREVE lo confirma con un dato elocuente: mientras la reforma del baño lidera las prioridades de los propietarios españoles con un 33% de las peticiones, la actualización de la instalación eléctrica ocupa la novena posición, a pesar de que los profesionales la detectan como necesaria en seis de cada diez viviendas. Los arquitectos técnicos que participaron en el estudio lo resumen con un concepto certero: la hipoteca energética.  Los compradores analizan al milímetro las condiciones de su préstamo, pero no calculan el sobrecoste mensual de vivir en una casa con una instalación obsoleta que les impedirá instalar una bomba de calor, un cargador de vehículo eléctrico o placas solares. Esa hipoteca no aparece en ningún documento notarial, pero se paga cada mes durante décadas. La buena noticia es que tiene solución hoy, con tecnologías maduras y profesionales formados. Lo que hace falta es que las políticas públicas y la cultura de la rehabilitación empiecen a tratar la instalación eléctrica como lo que realmente es: no un gasto sobrevenido, sino la infraestructura sobre la que se construye la vivienda del futuro.