La EPBD marca 2050 como horizonte de cero emisiones, pero España solo renueva su parque a un ritmo del 2% anual
La Unión Europea lleva años impulsando la descarbonización del parque edificado a través de la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD), cuya última versión fija el objetivo de cero emisiones en todos los edificios europeos para 2050 y establece instrumentos nuevos como el pasaporte de renovación, las normas mínimas de eficiencia energética o las ventanillas únicas de rehabilitación. El 29 de mayo de 2026 vencía el plazo para que los Estados miembros la incorporaran a sus legislaciones nacionales. Para quienes quieran profundizar en el estado de esa transposición, el análisis publicado por Green Building Council España ofrece una radiografía detallada disposición por disposición.
Desde el OREVE llevamos dos ediciones donde nuestro informe analiza precisamente las condiciones del parque residencial español para afrontar esta transformación, y los datos que hemos recogido ayudan a entender tanto el avance como los obstáculos que quedan por delante.
Un parque edificado que no acompaña la ambición normativa
Casi el 85% de los edificios españoles son energéticamente ineficientes, y la tasa de renovación anual ronda el 2%. A ese ritmo, la neutralidad climática en 2050 es un horizonte que se aleja más que se acerca. La EPBD lo sabe, y por eso combina instrumentos como el Certificado de Eficiencia Energética, con novedades relevantes: el concepto de Edificio de Cero Emisiones, las normas mínimas de eficiencia energética o las ventanillas únicas de rehabilitación, entre otros.
La electrificación como eje de la transición
La EPBD sitúa la descarbonización de los edificios como objetivo central, y tanto la directiva como los planes nacionales de renovación convergen en que la electrificación es la palanca más viable para lograrlo en el parque residencial existente. Las alternativas como la biomasa o las redes de frío y calor, presentan limitaciones logísticas o de madurez tecnológica que las hacen poco aplicables a escala masiva en barrios consolidados.
Desde el OREVE planteamos que el mero hecho de descarbonizar la vivienda española pasa por contar con una instalación eléctrica segura, dimensionada y preparada para nuevos usos. Sin ella, la transición energética en el ámbito doméstico es inviable. Más del 60% de los arquitectos técnicos encuestados coinciden en que la electrificación debe incorporarse a las decisiones de rehabilitación, y casi siete de cada diez consideran imprescindible que las ayudas públicas incluyan explícitamente la actualización de la instalación eléctrica entre las actuaciones financiables. La directiva europea ha fijado el marco; el informe OREVE señala dónde está el cuello de botella.
Lo que avanza y lo que se retrasa
El informe de GBCE identifica dos instrumentos que han evolucionado positivamente dentro del plazo. El Plan Nacional de Renovación de Edificios (PNRE) se remitió a tiempo a la Comisión Europea en diciembre de 2025. El Código Técnico de la Edificación también registra avances: en noviembre de 2025 el Ministerio de Vivienda publicó una consulta pública sobre su modificación, incorporando el nuevo Documento Básico de Sostenibilidad Ambiental y la actualización de la definición de Edificio de Cero Emisiones. Frente a estos avances, instrumentos clave como el pasaporte de renovación, las ventanillas únicas de rehabilitación o las bases de datos de eficiencia energética no tienen todavía ningún desarrollo público concreto.
Partiendo del Informe OREVE 2024, se pueden situar estos retrasos en su contexto real. Las ventanillas únicas son un mecanismo pensado para reducir la fricción burocrática que hoy disuade a la mayoría de propietarios de solicitar ayudas: según los arquitectos técnicos encuestados, solo un 8,3% de los procesos de rehabilitación acaban tramitando algún tipo de subvención, y el 76,6% de los profesionales apunta al exceso de papeleo como causa principal del abandono. Sin ventanillas únicas operativas, ese porcentaje difícilmente mejorará.
La brecha entre propietarios y objetivos de descarbonización
Cuando un propietario decide rehabilitar su vivienda, sus prioridades son la reforma del baño (33%), cocina (25%) o el cambio de carpinterías (24%). Las actuaciones vinculadas a la eficiencia energética ocupan las posiciones más bajas de la lista, como es el caso del aislamiento, instalación eléctrica o placas fotovoltaicas. La directiva contempla herramientas como el pasaporte de renovación precisamente para corregir este desbalance entre lo que el propietario pide y la necesidad real del inmueble.
El Informe OREVE 2025 cuantifica esa brecha con precisión, alegando que más del 70% de los propietarios aborda una actuación no prevista con mucha dificultad, y el margen de desviación presupuestaria que están dispuestos a asumir se sitúa de media en el 15%. Que la instalación eléctrica sea prioritaria solo para el 13% de los propietarios no es una anomalía: es el reflejo de un modelo de rehabilitación que sigue respondiendo a la estética antes que a la eficiencia.
FUENTE: OREVE



